Dos cortes del capítulo No Disparen, Que Soy De Hasienda, el primero de revolución social y el segundo mas humorístico sobre hacienda.
Makinavaja: el último choriso, es una serie de historietas desarrollada por el dibujante español Ivà entre 1986 y 1994 para la revista El Jueves. En la misma, Ivà refería las cómicas andanzas del delincuente homónimo, medio filósofo, medio justiciero, que vive en la Barcelona de los años 80 y 90, acompañado de sus cómplices, y tiene como centro de operaciones el bar "El Pirata", situado en el Barrio Chino de la ciudad. Incorporaba, además, lo que podía ocurrir en el barrio donde vivía y la actualidad política del momento: los Juegos Olímpicos de Barcelona '92, la comunión de su sobrino, o las manifestaciones estudiantiles de los 80. La serie gozó de gran éxito y fue objeto de adaptaciones a multitud de medios.Creación :
Ivà vivió de joven en pensiones de la Rambla de Barcelona, y allí respiró, rodeado de prostitutas, delincuentes y policías, el mismo ambiente que años más tarde recrearía perfectamente en sus historietas. A menudo, sus aventuras expresan ideas filosóficas y políticas, algunas de las cuales eran las propias de su autor, de marcado carácter izquierdista y a quien sus propios amigos trataban como teórico de la revolución, haciendo gala de un gran cinismo, y un sentido de la vida muy particular.
Descripción :
La serie está protagonizada por un vulgar atracador Maki : chapado a la antigua, que lleva tupé y que junto a sus inseparables compañeros, "Popeye" (Popi) y "Mustafá" (también conocido como "Mojamé" o "Moromielda"), deambula por las calles de Barcelona cometiendo todo tipo de fechorías. Maki tiene una peculiar forma de vivir la vida, en ocasiones filósofo y en otras poeta, y de marcada tendencia anarquista.
Su cuartel general se encuentra situado en una tasca del "Barrio Chino" llamada "El Pirata", en donde gracias al regente (al que llaman el Pirata o el Pira) suelen guardar todo tipo de armas, alijos de droga y algún que otro cadáver enterrado en la bodega.
El cómic se caracteriza por la expresividad en los rostros de sus personajes y por el particular vocabulario que utilizan, transcribiéndose la fonética y no lo gramaticalmente correcto, además del uso de la jerga propia (o inventada) de los delincuentes, policía, o los personajes que pululan por las historietas.




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